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6 de junio de 2016

ME TRASLADO

Hola a tod@s, desde junio de 2016 podéis encontrar mis nuevos artículos en la web anaisabelfraga.com, donde me he trasladado. Esta es una nueva etapa parte de mi camino, así que si quieres seguir acompañándome allí te espero.
Podréis encontrar como siempre mis reflexiones, artículos sobre nuestro camino como padres, ideas que os puedan servir en vuestro día a día como familia, noticias... y todo lo que vaya surgiendo en torno a esta aventura de ser madres y padres. Además podréis encontrar mis mejores artículos ya publicados en este blog, aquellos que más os han gustado, que más se han leído.

¡Nos vemos!

3 de febrero de 2016

¿POR QUE TENGO QUE ENCAJAR? LA FALACIA DE LA FALSA SENSACIÓN DE PERTENENCIA





En esta sociedad perfeccionista y exigente en la que vivimos ser diferente es un handicap. Ser diferente es una tara. Ser diferente es algo que hay que cambiar.

Y no lo digo por decir, lo digo porque lo he experimentado muchas veces en mi propia piel y a través de la piel de mis hijos también, que por si no lo sabéis o recordáis tienen algunas características que los hacen algo diferentes (podéis leer un artículo sobre mi experiencia como madre de un niño con altas capacidades aquí). Digamos que hay un grado de sensibilidad (o de lo que sea) aceptable fuera del cual comienzan los cuchicheos, los dedos que señalan... en definitiva ¡la no aceptación! Y resulta muy duro no sentirse aceptado, algo que todos hemos experimentado en mayor o menor medida, en un momento o en otro... Algo que muchos de nuestros niños han experimentado también, así que quiero analizar con vosotros las diferencia abismal entre lo que significa encajar y lo que significa pertenecer, porqué lo necesitamos y cómo lograrlo.

¿Por qué necesitamos ser aceptados? 

Para el ser humano hay una necesidad absolutamente básica, la necesidad de pertenencia.

O lo que es lo mismo, la necesidad de sentirse aceptado, querido y parte importante del engranaje de nuestro entorno (ya hablemos de la familia, del colegio o de cualquier otra "estructura" humana)
Necesitamos sentirnos amados, tenidos en cuenta, importantes, parte de algo más grande que nosotros. Que se nos considere y que se nos ame, puesto que el amor va inevitablemente unido a la pertenencia según cuenta Brené Brown en su libro "Los dones de la imperfección" y basado en sus investigaciones.
De hecho la psicología adleriana (de la que parte la Disciplina Positiva) nos dice que todo comportamiento proviene de la necesidad de sentir esta pertenencia. ¡Fijáos cuán importante es!

Pero por sentir esto a veces podemos pagar un precio muy alto:

El precio de convertirnos en quienes no somos, solamente para encajar en ese puzzle.
Dejar nuestra autenticidad por el camino tratando de parecernos a quienes nos han rechazado, tratando de no destacar, de no sobresalir, de no mostrar más de lo que está bien visto, de esconder lo que parece que nos hace imperfectos a los ojos de los otros, lo que nos provoca la vergüenza de no ser quienes se espera que seamos.

Desgraciadamente este desproporcionado esfuerzo por moldearnos al gusto de los otros no tiene la recompensa que esperábamos. Puede que comencemos a encajar, puede que a fuerza de empujarnos logremos meternos en el lugar en el que se espera que estemos. Pero no lograremos sentir que pertenecemos, porque en realidad sabemos que eso que estamos mostrando no somos nosotros, porque sentimos que no damos la talla. Y encajar se convierte en una falacia, una mentira que solo nos hace parecer dentro del puzzle, cuando en realidad estamos muy lejos de él y nos sentimos cada vez más solos. Aunque hayamos logrado que nos acepten en realidad lo que están aceptando no es a nosotros, sino a una máscara, y lo sabemos. Y nos duele. Y no es lo que buscamos. Pero nos resulta fácil caer en esa trampa.


Y es que para sentir eso que es tan importante para todo ser humano, la pertenencia, es requisito fundamental que se nos acepte por lo que somos, por quienes somos, no por quien les gustaría que fuésemos. Es requisito indispensable no abandonar lo que nos hace auténticos.

Sin autenticidad no hay posibilidad de encontrar ese sentimiento de pertenencia. 

Sentir pertenencia por tanto no es lo mismo que encajar

Pero hay más, sí, hay algo más. Sin el amor a nosotros mismos, sin la autoaceptación tampoco podemos sentir eso que tanto anhelamos, pues desde aquí se construye nuestra autenticidad.






Y la verdad de todo esto es que todos somos diferentes, que no hay dos personas iguales y que todos merecemos que se nos acepte por quienes somos, por lo que somos... Que podemos aceptarnos aquí y ahora porque no hace falta que seamos más listos, más delgados, más guapos, más exitoso o más lo que sea para aceptarnos. Porque así, tal cual, ahora mismo, mereces que te quieran.

Mejor, por tanto, volcar nuestros esfuerzos y nuestra energía en tratar de encontrar nuestro ser auténtico y ser tan revolucionario como para cultivar el amor hacia uno mismo y la autoaceptación. Mejor dejar de tratar dejar de encajar, de meternos con calzador en un puzzle que sencillamente no está hecho para nosotros por rígido y por condenar a las personas a ser solamente quienes se espera que sean y no quienes son en realidad.


Nuestros niños necesitan sentir que pertenecen, así, desde su individualidad, desde su autenticidad, desde la maravillosa expresión de su ser.

Y nosotros, los papás y mamás, necesitamos sentir que pertenecemos, así, desde nuestra individualidad, desde nuestra autenticidad, desde la maravillosa expresión de nuestro ser.



Y no cabe duda que uno de los mayores regalos que podemos hacerles a nuestros hijos es tener el valor para amarnos y aceptarnos.


Si quieres trabajar a mi lado para re descubrirte ojea esta información.


Y si no quieres perderte ningún artículo déjame tu mail, que te los haré llegar puntualmente.


 



© Ana Isabel Fraga Sánchez 2016

21 de enero de 2016

Los mensajes escritos: Un recurso excelente


Hoy vengo a contaros un recurso muy efectivo que estoy segura que os dará más de una sorpresa por lo bien que los niños lo aceptan y los buenos resultados que suele dar, y que son los mensajes escritos.

¿Por qué son efectivos?

Bueno, pienso que lo son porque generalmente son inesperados, y cuando algo es inesperado capta toda nuestra atención.
Podemos hacerlos divertidos con imágenes como la que os muestro de unos dientes, o haciendo que parezca que son los propios dientes (o la ropa que hay en el suelo, o los juguetes que han pasado toda la noche fuera de su caja y tienen frío,  el perro que necesita salir o... lo que sea) quienes escriben la carta. Esto suele arrancar una sonrisa y así todo parece más liviano y algunas situaciones que podían estar últimamente rompiendo la armonía de casa toman otra perspectiva.
Además, a los niños les chifla recibir notas.



Y además impiden que gritemos cuando por ejemplo hay una situación que se ha vuelto complicada y que últimamente no parece resolverse y que nos está afectando tanto que no estamos reaccionando bien. En esos momentos cerrar la boca y escribir una nota puede hacer un cambio sorprendente.





¿En qué momentos nos sirven?

¡Prácticamente en cualquier momento! Yo las he usado para recordar que hay que lavarse los dientes, para recordar que la ropa tiene que estar en el armario, para recordar una rutina que estaba siendo olvidada muy de continuo y parecía que no funcionaban otras cosas... pero podéis usarlas para lo que queráis siempre con el objetivo de lograr algo a través del humor, el cariño

¿Para qué edades es apropiado y efectivo?

¡Para todas!
Funciona con los pequeños aunque no sepan escribir ni leer porque podemos pararnos a leerles nosotros la nota: "Anda, tienes una carta de tus juguetes. ¿Quieres que te la lea?"
Pero también con los mayores e incluso con los adolescentes, que según nos cuentan las autoras del libro "Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y escuchar para que sus hijos le hablen" se sentían conmovidos porque sus padres pensaran en ellos lo bastante como para tomarse el tiempo y la molestia de escribirles.


¿Cómo hacerlo?

No hay unas reglas fijas pero podemos fijarnos en algunas recomendaciones:

- Emplear el sentido del humor puede ser muy efectivo siempre y cuando venga al caso. Podemos usarlo por ejemplo para que la ropa sucia que no ha echado a lavar le diga lo descontenta que está tirada en el suelo y le pide por favor que la meta en la lavadora para estar limpia. O el perro que no ha salido y le pide encarecidamente que le lleve a hacer pis afuera. Pero a veces no es conveniente usar el humor cuando la situación es seria, como que la mamá se ha enfadado porque se ha encontrado algo suyo que le había prestado roto. En este caso sería mejor expresar cómo se siente la mamá y por ejemplo quedar en unos minutos para hablar del tema.

- Puede ser en forma de carta o de nota breve, con dibujos o sin ellos... Es una cuestión de creatividad y de lo que creemos que pueda llegar mejor a nuestros hijos.

- Por supuesto en un lenguaje de amabilidad.

Así que os animo a probarlo. Es realmente divertido y la información llega estupendamente.

Esto, igual que cualquier otra herramienta no va a funcionar siempre, ni de la misma forma. 
Se trata simplemente de otra forma de llegar a los niños, de acercarnos a ellos para ganárnoslos en vez de ganarles, y por supuesto ¡no se trata de comunicarnos a través de notas! sino de emplearlo puntualmente para ayudarnos a salir de alguna situación que quizás ahora mismo esté atascada, o de evitar gritos, o simplemente de generar una gran sonrisa.

¿Probamos a escribirles algo y ver el resultado?

Si quieres más únete a mi Tribu.


 



© Ana Isabel Fraga Sánchez 2016

26 de noviembre de 2015

Hablemos de límites

En estos días el tema de los límites parece vagar por el espacio, al menos por mi espacio en forma de reflexión, de situación, de conversación...  así que hoy va de límites y quiero desgranar esto con vosotros.

Vamos a comenzar definiéndolo desde mi visión.

Límite es toda aquella línea imaginaria que no permitimos que nadie cruce. Es aquel punto en el que ponemos un alto, un stop, un "hasta aquí".




Es la frontera que marca el respeto por uno mismo.

Dejar pasar a otro por esta barrera es dar paso a la permisividad y al irrespeto por uno mismo.

Y en la educación los límites son fundamentales, empezando por ti.

Así que... ¡comencemos por ti! (ya sabes que es por ahí por donde siempre me gusta comenzar)

¿Conoces tus límites?

¿Eres consciente de dónde están tus límites?
Piensa en cada faceta de tu vida: tu trabajo, tu pareja, tu familia, tus hijos, tus amistades... y todas las que se te ocurran que sean para ti importantes. Haz una lista con los límites que has marcado, y otra con los que te gustaría marcar.

Y obsérvala.

¿Qué ves? ¿Estás marcando tu línea? ¿Sientes que te estás respetando o que permites traspasar tus "fronteras" más de lo que te gustaría? ¿Cómo te hace sentir eso? ¿Estás satisfecha o por el contrario sientes como si estuviesen aprovechándose de ti, te sientes fastidiada e incluso acabas por sentir rencor?

No es fácil. Y no lo es porque no solemos ser conscientes de dónde está esa frontera, porque la movemos constantemente, la vulneramos, la cuestionamos...muchas veces debido a creencias del tipo "eso es egoísta por mi parte", "pobrecito" (refiriéndose al otro que quiere pasar ese límite), "quizás no estoy siendo justa", "lo mejor es ceder y así evito esta situación"... o muchas otras que de seguro se te ocurrirán si ahondas un poco en tu propia historia y recuerdas situaciones pasadas ( o no tan pasadas).

Y por otro lado puede que sientas que levantar esa valla fronteriza es un momento desagradable para ti y para la otra u otras personas, pero no ha de ser así. Y recurrimos entonces a uno de los principios de la Disciplina Positiva.

Amabilidad y firmeza a un mismo tiempo.

¿Cómo marcar límites?

Partiendo del concepto de Amable y firme a un mismo tiempo, podemos tomar una serie de ideas que nos ayuden:

- Evidentemente ten claros cuáles son esos límites como primer paso.

- Explícalos a la o las personas implicadas en un momento tranquilo. Informa del porqué son importantes para ti y tus decisiones al respecto.

- Usa un lenguaje positivo para explicarlo. Deja de lado reproches, acusaciones, castigos y etiquetas, que solo nos llevan a entorpecer la comunicación.

- Trata de entender la postura de la otra persona empatizando con lo que siente y desea pero mantente firme en tus decisiones. Empatizar con los sentimientos de la otra persona no implica ceder a sus expectativas, sino partir de una situación de verdadera comunicación para solucionar.

- Negocia modos de solucionar la situación si esta supone un conflicto siempre dentro del marco triple del respeto: Respeto por tí misma, respeto por el otro y respeto por la situación.

- Respeta las necesidades de los otros y permite que también pongan sus propios límites.

- Revisa las creencias que te hacen ceder a menudo y cuestiónalas. Muchas de ellas no se sustentarán una vez que las analices desde la distancia.



¿Qué repercusión tiene en nuestros hijos conocer y respetar nuestros propios límites?

Se habla y se escribe mucho sobre cómo poner límites a los niños, sin embargo como ya sabéis si me habéis leído otras veces, es desde ti desde donde comienza toda la educación. Si no tienes claros tus límites, si dejas que se vulneren y traspasen con frecuencia... tus hijos irán sacando conclusiones al respecto del auto respeto para su propia vida.

Cuando tú respetas y marcas tus límites con amabilidad y firmeza, tus hijos:

- Aprenden que todos tenemos unas necesidades y valores que debemos respetar.

- Entienden que por tanto sus necesidades y valores son también importantes y deben igualmente ser respetados.

- Observan que cada quien tiene unas necesidades y valores propios, por tanto les entrenamos en la tolerancia y el respeto a la diversidad e individualidad.

- Sabrán que uno puede decir "hasta aquí" con amabilidad y asertividad, sin entrar en luchas que desgastan.


 El ejemplo es la más potente de las enseñanzas.

¿Qué límites vas a empezar a marcar?



© Ana Isabel Fraga Sánchez 2015

10 de noviembre de 2015

LA INTERVENCIÓN CONSTANTE, GENERADORA DE CREENCIAS INCAPACITANTES




Es la hora de comer en casa. Mamá está terminando de freír el pollo mientras papá pone los platos en la mesa. En esas llega Lorena, de 6 años, dando saltitos.

- Papi, yo quiero - dice cogiendo uno de los platos.

- No, no, déjalo, que ya lo hago yo, que lo puedes romper.

Lorena se pone triste pero deja que papi lleve el plato a la mesa. Lo mismo que los vasos y los cubiertos, porque según le han dicho es fácil que se le caigan o podría hacerse daño con el tenedor. Mientras están comiendo mamá le advierte varias veces de que coja bien la cuchara o se manchará.

- ¡Lorena! ten cuidado, te vas a poner perdida. Anda, trae, que te coloco bien en la silla. Arrímate bien, ¡así!

- ¡Uf! Con esa manera de comer estoy viendo ya la mancha en la camiseta - le dice su padre.

 Y a Lorena se le derrama un poco de la sopa.

- ¿Ves? Ya lo sabía yo. Pues tienes que cambiarte - le cuenta su madre al tiempo que recoge con una servilleta lo que se ha caído sobre la mesa. Luego la coge de la mano y la lleva hasta su habitación, le saca una camiseta, le quita la otra y se la cambia.





¿Qué creéis que piensa Lorena sobre sus capacidades? 

Es muy posible que llegue a creer que no es capaz y simplemente deje de intentarlo, generando una creencia de incapacidad, de "yo no puedo", de "yo no soy capaz", de "necesito de los otros sí o sí".

¿Se verá su autoestima mermada?

Está claro que sí, pues una de las bases de la autoestima es la creencia de la propia valía y capacidades. Pero no solo su autoestima, sino su capacidad de resiliencia (capacidad para afrontar los desafíos y sacarles el mejor jugo), puesto que su autonomía con tal control paterno y rescate constante se verá fuertemente condicionada, y la autonomía es uno de los pilares de la resiliencia.

Pero vayamos más allá...

¿Qué creéis que piensa Lorena sobre los errores? ¿Pensará que son oportunidades para aprender o oportunidades para que otro te resuelva la situación? ¿Pensará que cometerlos es aceptable o inaceptable?

¿Qué clase de habilidades estamos enseñándoles así? 

¡Ninguna!

¿Qué hará esa niña de adulta con su frustración? ¿Qué creerá sobre hacerse cargo de sus propios problemas? ¿Qué sentirá hacia sí misma y sus capacidades? 


Y es que a veces confundimos el amor con la sobre protección, con intervenir en todo momento y controlar la situación.




Cambiemos entonces la situación anterior:

Papá enseña a Lorena día a día cómo llevar el plato hasta la mesa, primero le enseña cómo hacerlo, luego lo hace junto a ella y por fin le deja hacerlo sola. Aún así es probable que Lorena derrame algo en algunas ocasiones, está aprendiendo. En ese caso le enseñaremos dónde está el papel de cocina y la fregona y de nuevo primeramente le enseñaremos cómo hacerlo, luego lo haremos con ella y después dejaremos que lo haga por sí misma. Sin dramas, sin ya te lo dije.

Y a la hora de comer, habremos hablado previamente de cómo arrimarnos a la mesa para evitar ensuciarnos, pero en ese momento ya no diremos nada más. Como mucho un recordatorio con una señal o una sola palabra. Y si se mancha, le enseñaremos cómo limpiarlo y hacerse cargo de la situación. Habremos marcado en su armario con dibujos o con palabras por ejemplo donde está su ropa (un cajón con camisetas, otro con zapatos, otro con pantalones...) para que ella misma pueda cambiarse y llevar su ropa sucia a la lavadora después.

Pensemos ahora... ¿Cómo se sentirá Lorena? ¿Capaz o incapaz? ¿Sentirá que puede resolver sus propios problemas o no? ¿Estará creando su autoestima, resiliencia y autonomía? ¿Cómo se tomará los errores? ¿Qué más creéis que ha cambiado de la primera situación a esta?

Entonces....
¿Qué cosas del día a día que estáis haciendo ahora por vuestros hijos podrían hacer ellos?  
¿En qué podrían participar?  
¿Qué parte de lo que hacéis por ellos podrían estar haciendo por sí mismos?

¡Ponlo en práctica esta semana!


 Confiemos en los niños y en su capacidad para hacer las cosas. 

Dejemos que se equivoquen, que metan la pata, que tropiecen, que se ensucien, que resuelvan por sí mismos. 

Dejemos que hagan lo que están preparados para hacer.






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© Ana Isabel Fraga Sánchez 2015. 

19 de octubre de 2015

¡Quiéreme por favor!

Muchos adultos de hoy traemos con nosotros "programas" de constante búsqueda de aceptación, una especie de mendicidad de cariño. Un "por favor, quiéreme", "por favor, escúchame", "por favor, acéptame".

Y eso produce verdaderos conflictos internos en los que podemos olvidarnos de nosotros mismos por agradar, contentar y lograr esa "aceptación" por parte del otro. Decepciones constantes y dolor cuando nos encontramos con esas personas a las que no les gustamos o que no responden como esperamos.



¿Sabéis cuántos adultos están pasando o han pasado por esto?  Seguro que conocéis a alguno en vuestro entorno o vosotros mismos os reconocéis en ello en algún momento de vuestra vida.

¿Sabéis lo que cuesta darse cuenta de ello y tomar consciencia? ¿Y el trabajo para liberarse de ello?

Todo bajo la creencia "Si no me quiere, si no me acepta, es que no soy digna de amor"
Y sabrás que estás bajo esta creencia cuando


  • No dudas en apartar tus necesidades a "ningún lugar de la lista"
  • No usas la palabra no a pesar de que te gustaría hacerlo, sacrificando tus propios intereses o preferencias constantemente por los de los otros.
  • Las críticas, el no aprecio o la frialdad de los otros te causan un profundo dolor aún cuando sean personas que realmente no significan mucho en tu vida.
  • No pones límites.
  • Dudas de tí misma como primera opción ante cualquier conflicto.
  • Te encuentras siendo excesivamente amable y atento con quien en realidad no crees que lo merezca.
  • Te esfuerzas continuamente en agradar.
  • No solo no cortas una relación que te está perjudicando (amigos, pareja...), sino que tratas de mantenerla y lograr que te acepte.
  • Sientes que te estás faltando al respeto.


No quiero que esto les pase a nuestros hijos. 


¿Qué podemos hacer? 

- Que los niños sepan que les queremos, siempre, en todo momento, cuando se portan bien y cuando se portan mal, cuando aciertan y cuando se equivocan.

- Ayudarles a ver que son únicos y especiales, con algo maravilloso que ofrecer al mundo también único.

- Fomentar el respeto por sí mismos tratándoles con respeto, buscando alternativas a los castigos y a los premios. Alternativas que se centren en la búsqueda de soluciones, en la reparación de errores y en el aprendizaje de ellos, en vez de en quien tiene la culpa y lo que merece por haberse "portado mal"

- Preguntarles su opinión y la tenerla en cuenta.

- Que las decisiones en la familia también pasen por sus ideas, elecciones y preferencias en un ambiente de debate sano y respetuoso.

- Animarles a buscar sus propias soluciones, y dejemos que se equivoquen para que experimenten sus propias conclusiones en vez de anticiparnos y decidir por ellos, o darles charlas sobre el "ya te lo dije"

- Inculcarles la idea de que un error sirve para aprender, que no hay que mortificarse por ello sino buscar la forma de mejorar, de arreglarlo... Y que todos, absolutamente todos, cometemos errores.

- Usar nuestro ejemplo de auto respeto poniendo límites, cuidándonos y considerándonos. Teniendo compasión de nosotros tratándonos con cariño.

- Atender siempre sus emociones aunque sus acciones no hayan sido adecuadas.

Muestra que tu amor hacia ellos es incondicional. 
No hay comportamiento, acto, decisión ni error que lo pueda modificar.


Y no tengas miedo a que esto signifique que sientan que tienen tu beneplácito para portarse mal, que asegurar el amor incondicional no está reñido con el establecimiento de normas o con la búsqueda de soluciones conjuntas.

El amor no debe ser el acicate para el buen comportamiento. 

El comportamiento se puede trabajar y se debe trabajar de otras formas, con la base de un amor sin condiciones. Así las cosas cambian, y cambian mucho.

Más sobre emociones en mi libro Emociones con Cuento.

Más sobre comportamiento en mi libro Cuentos Iceberg.



Si quieres estar al tanto de mis artículos déjame tus datos y estamos en contacto.

 


© Ana Isabel Fraga Sánchez 2015. Todos los derechos reservados.

16 de septiembre de 2015

VUELTA A LA RUTINA ¡¡¡¡SOCORRO!!!! ¡¡¡HORA DE LEVANTARSE!!!!

De dormir hasta que el cuerpo te pide, a madrugar.

De acostarnos tarde y después de ver una peli todos juntos, a irse a la camita poco después de cenar.

De estar todo el día con nosotros, a volver al cole...

¡¡Cómo cuesta volver a la rutina!!


Muchas veces parece inevitable que las tensiones que en el verano parecían haber desaparecido, vuelvan. De pronto las prisas, el "¡venga, levántate que no llegamos!", " ¿pero todavía no te has vestido?" sustituyen a la tranquilidad matutina de la época estival, donde dormir hasta que el cuerpo pidiese era lo más habitual.

Y de alguna forma todo eso nos afecta a lo largo del día.
Pero... ¿Qué podemos hacer para llevar esta entrada a la rutina de la mejor forma posible?

Os dejo algunas ideas:
- Crear una cartulina de rutinas matutinas con los niños y pegarla en la pared, bien visible, para que puedan seguirla sin que nosotros, los "pesados adultos", estemos todo el rato repitiendo y recordando.

¡Aquí una idea!

Dibujos, fotos, pegatinas... lo que queráis. Pero eso sí, con ellos. Dejad que formen parte de las decisiones y escuchad sus ideas.

- Preguntadles cómo sería para ellos una buena mañana, cuánto tiempo creen que necesitan para desperezarse (y según eso poner el despertador a una u otra hora) e ir ajustándola en función de los resultados.

- No repitáis, solo señalad la rutina o preguntarles "¿Qué toca ahora?"

- Dad ejemplo de buen talante y afrontad la mañana con la mayor tranquilidad posible (esto no significa que tengáis que ser perfectos o hacerlo siempre bien, pero poned empeño en que sea la tónica general y si no sale pues habladlo después para ver como se puede mejorar)

- Comprended lo difícil que es volver a la rutina también para ellos. Si les decís "Jo! cómo cuesta levantarse, ¿verdad?" se sentirán comprendidos y eso permitirá una conexión que facilitará mucho las cosas.

- Si surgen dificultades revisad la rutina hasta que encontréis la mejor fórmula para todos. Empeñaos en buscar soluciones evitando todo tipo de reproches y etiquetas. Lo que nos importa es lograr una solución, no decirle que es un vago, o cualquier otra cosa.

- Evitad sermones y largas charlas. Mejor una pregunta "¿Cómo crees que podríamos hacerlo mejor?", "¿Qué se te ocurre que podríamos cambiar para que estemos todos más contentos por la mañana?", "¿En qué podrías ayudarme por la mañanas?"... o lo que sea. 

- Nada de órdenes. Mucho mejor pedir colaboración. "¿Me ayudas?"

- Agradece su disposición a ayudar por las mañanas en lo que sea que hayáis decidido.

- Reiros todo lo que podáis.

- Usad la música que les guste para ayudarles a despertarse... e incluso para ayudarles con los tiempos cuando son pequeños ("cuando termine esta canción es hora de ponerse a desayunar" por ejemplo)

- Dejad que escojan la ropa para ponerse al día siguiente (dentro de un orden, dándoles dos opciones sin son pequeños o poniendo ciertas normas a lo escogido dependiendo por ejemplo del día que haga o de si les toca gimnasia... ¡no vaya a ser que escojan sandalias cuando está lloviendo! ;)





Las mañanas pueden ser muy distintas. ¿Te animas a probarlo así?



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© Ana Isabel Fraga Sánchez 2015. Todos los derechos reservados.

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