TRANSMITIENDO EL RESPETO, EL AMOR Y LA FIRMEZA EN LA EDUCACIÓN Y CRIANZA DE NUESTROS HIJOS.
DISCIPLINA POSITIVA EN ASTURIAS. DISCIPLINA POSITIVA ON LINE.

25 de marzo de 2014

Manifiesto de una mamá que sigue la disciplina positiva

Manifiesto de una mamá disciplina positiva:

Soy una madre muy cariñosa, disfruto usando el sentido del humor en el día a día con mis hijos y nos reímos mucho. Los abrazos, los besos, las caricias, los gestos cariñosos, los guiños cómplices, los "te quiero", las sonrisas al vernos… siempre están ahí y llenan nuestros días

Soy una madre muy firme, en casa tenemos unas normas, existen límites que no traspasar, hacemos lo que decimos… Y si se traspasan los límites, si surgen problemas o no se cumplen las normas buscamos soluciones entre todos, de forma consensuada, ofreciendo opciones que mejoren la situación y nos esforzamos por cumplirlos.
No creo que el castigo enseñe nada lo suficientemente interesante, al menos no lo que yo busco, y uso otras herramientas para encarar situaciones problemáticas o malos comportamientos que se adapten al CARIÑO y la FIRMEZA a un mismo tiempo.

Busco cada día la autonomía de mis hijos dejando que exploren, que se equivoquen, entrenándoles en aquello que necesitan aprender, apoyándoles y acompañándoles allá donde lo necesiten, soltándoles cada vez un poco más…

Soy un ser humano así que me equivoco, meto la pata en situaciones nuevas que no sé cómo afrontar, en situaciones viejas que ya he vivido muchas veces pero que me pillan en un momento malo o de las que aún no he conseguido aprender lo que necesitaba. Meto la pata a veces por no recordar qué hacer en esos momentos, o porque me salta ese piloto automático que todos tenemos y que tiene que ver con nuestra propia infancia o con dejarse llevar por un desbordamiento emocional.
Y cuando meto la pata lo primero que hago es recogerme, respirar y tranquilizarme, acercarme a mi hijo y pedirle disculpas y buscar soluciones entre los dos para que cada vez podamos ambos hacerlo mejor.
Sé que más de la mitad de las veces lo hago muy bien, y el resto trato cada día de mejorarlo, de APRENDER DE LOS ERRORES, porque entiendo los errores como oportunidades para aprender. Me perdono porque sé que es así.

Sé que lo que hago, cómo me comporto, cómo suelo reaccionar, cómo resuelvo mis problemas, cómo me enfrento a mis miedos, cómo me comunico, cómo cuido de mí misma… es un aprendizaje que calará hondo en mis hijos, mucho más que cualquier discurso o consejo que pueda darles. Por eso trabajo mi interior, reflexiono y me permito tiempo para sentirme bien.

Sé que la educación es un camino, una aventura hermosa que está llena de retos y desafíos, y que cada uno de esos desafíos es una hermosa oportunidad para enseñar a mi hijo habilidades de vida, en vez de limitarme a "controlar" su comportamiento y reprimir sus emociones, le ayudaré a superar todos los comportamientos con herramientas que le aporten inteligencia emocional, sentido de la responsabilidad, práctica en la toma de decisiones, control de las emociones (que no represión), empatía, conocimientos de sí mismo…

Sé también que me desviaré del camino en ocasiones, y sé que siempre tendré la oportunidad de volver a él con una lección nueva aprendida.















Imagen cedida por Marisa Moya http://escuelainfantilgranvia.com






© Ana Isabel Fraga Sánchez 2014

9 de marzo de 2014

Charla gratuita en Llaranes - Avilés.




Hora y media de reflexiones y risas.
¡Gracias a todos los asistentes!

28 de febrero de 2014

¡Una buena torta a tiempo…! o la presión social

- "Una buena torta a tiempo te solucionaría estos problemas"

Entendiendo a los padres

La presión que ejerce nuestro entorno hacia la educación que proporcionamos a nuestros hijos es a veces bastante complicada de llevar. Hay muchas frases hechas, muchas creencias y muchos "pilotos automáticos" que ensombrecen nuestras buenas intenciones.
Puede ser la vecina, el panadero, una mamá en el parque o directamente dentro de tu propio círculo familiar.
En muchas ocasiones esta presión social provoca situaciones - conductas que no queremos y al final terminamos cediendo a la presión y actuando del modo en que no queríamos hacerlo, con lo cual la culpa nos da martillazos contra el pecho desaforadamente mientras obtenemos una sonrisa complaciente que subraya un "ya te dije que eso era lo que tenías que hacer", aparte de sentirnos estrangulados por nuestros bienintencionados ideales que en ese momento se convierten en poco menos que una tormenta interior.

Y es que las miradas inquisitivas, las afirmaciones tajantes sobre la importancia de una buena torta a tiempo, o los gestos paternalistas de los otros pueden doler bastante.
Pero basándonos en nuestra premisa del respeto hacia nosotros mismos, los otros y la situación no es cosa de tratar de convencerles con largas explicaciones, ni de enfrentarnos en una lucha de a-ver-quien-tiene-más-razón. Porque hemos de entender que nadie, y digo nadie, tiene la verdad absoluta en su mano, por tanto ¿para qué malgastar energía en tratar de convencer? En todo caso usémosla para poner, con respeto y amabilidad, límites. "Así es como yo quiero hacerlo. Así es como yo quiero educar a mis hijos" Sin llevar banderas de nada, sabiendo que si así lo haces es porque es lo que tu corazón te dicta, y sintiéndote libre de hacerlo así, como lo sientes.

Pero es más que evidente que para poder actuar de este modo ante la presión social antes hemos de tener claro que si nos duele no dejará de hacerlo así, sin más. Un pensamiento que puede ayudarnos a crear un caldo de cultivo apropiado para sentirnos mejor cada vez es perguntarnos:

"¿Quién me importa más, mi hijo o las opinones de los otros?"

Y es evidente cual es la respuesta, así que hemos de tomar esa dirección, aunque no será fácil en muchos casos.


Entendiendo a los niños

Para explicar un poco qué es la mala conducta cito un párrafo del libro Cómo educar con firmeza y cariño, de Jane Nelsen (autora de varios libros sobre Disciplina Positiva)

La mala conducta no es más que una falta de conocimiento (o conciencia), una falta de desarrollo, una expresión de nuestro desánimo, o, a menudo el resultado de algún incidente que nos induce a reconectarnos con nuestro cerebro primitivo, donde la única opción radica en entablar luchas de poder o en retraernos y no comunicarnos.

Las malas conductas surgen por tanto fruto del desánimo, de la falta de competencias, de nuestro cerebro inferior (reptil) o de conductas que son apropiadas de la edad, aunque sean molestas o inadecuadas.
Por tanto el modo de actuar ante ellas siempre será:

Solucionar la causa de dicha conducta

  • Motivando
  • Tratando de que el niño se sienta tenido en cuenta, se sienta importante dentro de su círculo (familia, colegio…) de una forma positiva, se sienta considerado y parte de todo ello.
  • Aportando competencias, enseñándoselas al niño y ayudándole a practicarlas dándole cada vez más espacio para su práctica.
  • Enseñando al niño a reconocer el momento en que va a perder el control y dándole alternativas respetuosas como un tiempo fuera positivo (tiempo de recuperación, de relajación, no de castigo ni de pensar en lo que ha hecho mal)
  • Paciencia por nuestra parte al comprender conductas que son apropiadas a la edad y al tratar de enseñar o redirigir ese comportamiento, que acabará calando con persistencia y constancia.

*Estas son solo algunas de las muchas herramientas respetuosas, amables y firmes que podríamos emplear

                       
Aprovechar la oportunidad para enseñar habilidades para la vida

  • Autocontrol (capacidad para calmarse)
  • Empatía
  • Responsabilidad (que no culpa)
  • Mayor conocimiento de sí mismo y de sus emociones (Inteligencia Emocional)
  • Centrarse en las soluciones en vez de en quién tiene la culpa y lo que ha de hacer para pagarlo.
  • Entender que los errores son parte del ser humano y que podemos considerarlas maravillosas oportunidades para aprender.
  • Aprender a pedir disculpas y a tratar de reparar el error.
  • Y muuuuuuuuchas otras.



Conectar con las emociones del niño, acercarnos a él en vez de alejarnos.

  • Conexión y empatía con el niño antes que hacer cualquier tipo de corrección.
  • Es más fácil corregir una situación-comportamiento desde la empatía y la comprensión que desde la lucha, la culpa o la vergüenza.



Y es que no me cabe duda de que tanto el castigo, como el uso de la culpa, la vergüenza o la torta a tiempo son capaces de frenar una conducta e incluso hasta eliminarla (aunque no siempre), pero hemos de reflexionar sobre el precio a pagar (lo que también puede ayudarnos a superar con más facilidad esa presión social)

En todas las situaciones se producen uno o más de los siguientes "pagos a cuenta" emocionalmente hablando:
- Rebeldía por parte del niño, lo que se traduce en luchas de poder habituales con los adultos.
- Necesidad de vengarse, lo que puede empeorar el comportamiento que se pretendía corregir o bien fomentar otros comportamientos encaminados al mismo propósito.
- Resentimiento hacia el adulto al sentirse injustamente tratado, con el consiguiente alejamiento que esto produce del niño hacia los mayores.
- Bajada de autoestima. Merezco sentirme así porque soy malo...
- Seguir con el mismo comportamiento pero aprendiendo a que "no le pillen"


Estoy segura de que no son estas "consecuencias" las que buscamos y recordarlas puede ser determinante para no ceder a la presión de nuestro entorno en cuanto a la forma de educar a nuestros hijos.

Aún así, recordad, saber todo esto no es sinónimo de no equivocarse nunca ni de ser padres perfectos.
Somos imperfectos, no siempre nos saldrá bien, pero conocer todo esto nos ayudará a hacerlo muchas más veces mejor y a entender que no debemos juzgar a ningún padre/madre por su modo de educar, sino limitarnos a tratar de hacerlo en nuestro hogar tal como lo sintamos.


Más información sobre talleres de Disciplina Positiva aquí.


22 de febrero de 2014

Entrevista sobre el sueño del bebé

Desde la web www.ayudaparapadres.net y de la mano de su creadora, la psicóloga Denisse Slutzky, me propusieron esta entrevista, en la que en todo momento me sentí muy cómoda. Fue una charla muy agradable que espero que os sirva también a vosotr@s.

¡Un placer Denisse!

Para verla directamente en youtube podéis hacerlo AQUÍ, o bien ver el vídeo má abajo.




17 de febrero de 2014

Primer taller de Disciplina Positiva en Zaragoza.

Fin de semana intenso llevando Disciplina Positiva a Zaragoza.

Hace algunos meses, María, una mamá bloguera (su blog http://viviendoconpeques.wordpress.com) que trabaja como educadora infantil, me escribió interesada en organizar allí, en su tierra, un taller de Disciplina Positiva. Y así, con mucha ilusión y esfuerzo organizativo, el taller salió adelante con una magnífica participación.
Veinte estupendos participantes entre los que había mamás, papás, educadoras y madres de día (si no conocéis lo que son madres de día os aconsejo buscar información pues es una hermosa labor la que hacen), todos reunidos en el local que El Obrador de Ideas (http://www.elobradordeideas.com) nos cedió para la ocasión con el afán de promover otro tipo de educación.
Surgieron multitud de reflexiones, de risas, de preguntas, de respuestas, de información, de trabajo vivencial… y de abrazos.
















Este curso me ha dejado una sonrisa permanente en el corazón, he conocido a gente estupenda que me han acogido a mi y a la Disciplina Positiva con mucho cariño y esperanza en que otro modo de educar es posible.
¡Ha sido un fin de semana inolvidable y especial!

30 de enero de 2014

Pido presunción de no igualdad.

Me queman hoy las pautas de generalidad que tanto daño hacen a los seres humanos, y hoy quiero reflexionar sobre ello, si me permitís y si os place leerlo lo comparto con vosotros, aún con el tono de ardor que seguro captáis en cada línea.


¿Son todos los bebés iguales? ¿Son todos los niños iguales? ¿Somos todos los adultos iguales?

Rotundamente no. ¡Rotundamente no!

Y sí, me diréis que no os digo nada nuevo, que todo el mundo sabe que no hay nadie igual al otro, que somos distintos entre nosotros incluso físicamente. No todos tenemos la misma apariencia aunque tengamos dos brazos, dos piernas y una cabeza… No todos nos comportamos del mismo modo o reaccionamos igual ante un mismo estímulo aunque efectivamente todos contemos con emociones y un cerebro que las registra…

Para comenzar desde el principio o incluso desde antes del principio (anterior al nacimiento) ya nuestra individualidad es patente y manifiesta. No todos los bebés son iguales ni reaccionan del mismo modo, lo veo cada día en mi trabajo con los papás y sus chiquitines. Ni siquiera el día 1 son iguales. Tener en cuenta su individualidad nos ayuda a aprender a escuchar, a observar, y por lo tanto a poder reaccionar en consecuencia teniendo en cuenta sus características propias, atenderle donde más lo necesita, apoyarle donde él como persona lo demanda, y no de forma general, sino de forma específica.
Es de vital importancia, y muchas dificultades con el sueño se han resuelto o han mejorado ostensiblemente con el mero hecho de tener esto en cuenta, aprender a ver al bebé en su individualidad.
Pero aunque esto dicho así parece evidente, me encuentro con que se pretende tratar a todos los bebés igual. ¡Ah! que tiene alguna dificultad con el sueño, pues haz esto (o lo otro, según donde se busque). Esto no funciona así, esto funciona aprendiendo a entender, a ver QUIÉN ES  tu hijo en particular, concretamente, específicamente.

Pero no me quedo ahí. ¿Qué pasa con los niños? Con los niños en edad preescolar, cuando han dejado de ser bebés… ¿De repente todos se han vuelto iguales? Evidentemente no, no solo no se han vuelto iguales sino que su individualidad se va tornando más y más evidente, más y más compleja, al ir desarrollándose su cerebro, su emocionalidad… Y a esta edad ya se nos hace más evidente su personalidad, la vamos teniendo más en cuenta, comentamos sobre ella, pero… ¡oh!, ¡Sorpresa! En la mayor parte de los casos nos encontramos con que entonces tienen que entrar en un molde, un molde hecho para que la "producción" de niños sea en serie, todos igualitosssssss. Y es una bendición encontrar una escuela donde se tenga en cuenta que cada niño es un mundo. ¿Y porqué llego hasta aquí? Porque no todos los niños aprenden del mismo modo, no todos los niños entienden del mismo modo. Y cuando salen de preescolar, donde al menos todavía hay cierto punto de comprensión sobre esto se suelen topar con un molde aún más férreo.

¡No todos los niños aprenden del mismo modo!

Y todos aquellos que rompen el molde de la serie, o que al menos lo intentan tienen pocas alternativas:
- Encorsetarse el molde como sea a riesgo de sufrir de falta de ilusión de vivir.
- Saltar por encima del tal molde y aunque libres de ello, señalados como "raros", "diferentes", "tontos"…

Y de uno u otro modo llegar a la vida adulta con la luz de su alma apagada o en modo tenue, y no por falta de fuerza, sino por miedo a brillar y a ser señalados por ello.

Brillad, soltad las cadenas que os atan a la generalidad, no temáis en ser quien vuestro corazón os grita que seáis. Y dejemos que los niños sigan los dictados de su esencia, con nuestra guía (desde luego), para poder mostrar al mundo quienes realmente son.



21 de enero de 2014

El camino del amor y la alegría en la crianza de nuestros hijos.






¿Cuántas veces tengo que explicarte lo mismo? - les decimos a nuestros hijos.

La respuesta es quizás: un montón de veces y es importante darnos cuenta de ello, porque de eso depende que nos tomemos la vida con menor frustración y mucha más alegría.
Si pretendemos que todo salga a la primera o a la segunda (o incluso a la tercera), puede que caigamos en un estado de frustración constante que nos tuerza el gesto y nos desvirtúe la sonrisa, que nos sintamos malos padres, incapaces de lograr los objetivos que buscamos y en general que nuestras emociones no estén en su punto más positivo (sino todo lo contrario)

Por eso es de vital importancia entender que el camino que nos conduce a una vida alegre y amorosa con nuestros hijos pasa por entender estos dos Principios:


  • Aceptar que vamos a cometer errores
Y es que sí o sí los vamos a cometer, y no solo se trata de que vamos a meter la pata, sino que además en muchas ocasiones la volveremos a meter donde ya la habíamos metido. Y ¡Ohhhhh!, ¿cuántas veces vamos a tener que repetirnos lo mismo? ¿Es que acaso somos tontos, ineptos, incapaces…? ¡No!, solo humanos…

  • Que por cada error tendremos una oportunidad para aprender
A menudo necesitaremos insistir sobre algunos errores repetidos y habremos de reconocerlo, pedir disculpas y tratar de buscar soluciones al respecto. Necesitaremos también paciencia para todos estos tropezones; los suyos y los nuestros.

"Tratar de ser perfectos o simplemente creer que podemos aprenderlo todo a la primera es llevarnos por un camino de dolor, angustia, culpa y reproche que además se aleja de la realidad."

¡¡¡Disfrutad de vuestra aventura de ser padres libres de culpas!!!!

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